Digamos que aquí hablo de mí, que escribo sobre mí. Que vivo aquí, en ningún lugar o en cualquier lugar, en Santiago. Digamos que tengo unos veinte años. Unos cuantos sueños y una vida que continuar con o sin ellos.
Digamos que en mi sumersión en la vida radica lo mejor de mí, como de cualquiera, y también mi lado de inconvenientes: el mundo que llevo en mi imaginación es el mismo que vivo de hecho, pero con acentuada realidad y mi rebeldía interior es un afán de un orden más auténtico que el que me rodea.
Digamos que no canto, digamos que canturreo, que mi ironía se complace en falsetes, pero en medio de esto, entre banalidades y entre aparentes pasatiempos de estilo y voz, pueden aparecer mis sueños más profundos, que sólo podrían darse desde un tono libre de voz, como el mío, abiertos a quien quiera escuchar. Y si paso de una idea dolorosa a un puro trozo de lirismo suelto, con la emoción contenida del reencuentro con cosas amigas, es porque todo aquí tiene un tono de conversación en voz baja, con calor de intimidad, con el acento inconfundible de humanidad a la deriva, donde lo que realmente importa no es el mundo interior, ni la sensibilidad, sino el constante instinto para encontrar el tono necesario para la perpetuación de la canción. Créanme si digo que todo es una metáfora o una maldita imagen, todas las palabras son una ficción en virtud de la cual una cosa significa otra, pero esto no quiere decir nada.
Digamos que llevo mil letras gastadas en canciones que nadie escuchó.
Esta página es puro preámbulo;
En la página Coloratura está el fondo del asunto.
En Interludio, otros caminos para pasear.
La salida, por Outtro por favor.
No es necesario saber más que esto.
me creerás si te digo que conozco ese lugar donde desaparecerás? yo estuve ahí, hace ya dos años. y te digo que es un excelente lugar para desaparecer.
un abrazo.
Entonces…¿ese lugar existe? Gracias por la esperanza.
(después de darle algunas vueltas:)
Oh.
Adagio sostenuto.
Por supuesto, el primer movimiento de la sonata Nº14. También el intermedio del segundo concierto de Rachmaninoff. Pero, muy, muy especialmente, la música que he elegido para morir: el tercer movimiento de la Hammerklavier, la idea más profunda jamás concebida para solo instrumento.
Este podría ser el comienzo de una amistad… sin adjetivos, por ahora.
He picado el anzuelo.
Sí, la sonata Claro de Luna, el Concierto para Piano Nº2, y Haydn, no vayas a olvidar a Haydn (Cuartetos para cuerdas).
Pero sobretodo, sí, sí: la Sonata Hammerklavier, Adagio sostenuto en Fa sostenido menor…sobre el que Lenz diría: “inmensa lamentación sobre ruinas de felicidad.”
Precisa elección para morirse, por lo demás; me lo imagino perfectamente: Desde el primer compás la sonata es un diálogo con la vida acerca de la aceptación, de la desentegración, la discordancia, la furia, la resignación, acompasando a la humanidad. Luego, la liberación, la reconciliación con las contradicciones de la existencia que quedan transformadas en imágenes de una belleza que no es humana, y el acorde final. Y tras el acorde final, el tiempo continúa, continúa.
Cómo llegó Sierra aquí? Ni yo sé bien tampoco, bueno, me vuelvo a lo mio, suerte por tu lado de la pantasha Mujica, cuidateee(8)
F.
I think i’ve seen this somewhere before…but it’s not bad at all